El Zulia es la tierra de la reinvención del plátano. Cuando está maduro se combina con el dorado maíz, lo salado del queso, la intensidad del papelón y el sutil picante de especias dulces, para salir del caldero transformado en una “lagrima” de sabor

El plátano es el símbolo más resaltante de la alimentación del Zulia, a tal punto que su escudo de armas está flanqueado por una hoja de la planta de plátano que simboliza la abundancia del fruto y la fertilidad de la tierra, recuerda el cocinero e investigador zuliano Néstor Amesti.

“La mandoca es un amasijo hecho con maíz, panela, especias, en este caso clavo, canela y malagueta, plátano maduro concha negra y queso madurado” explica la cocinera e investigadora zuliana Ivette Franchi.

Según afirma la misma Ivette era un plato elaborado y consumido por los esclavos, elaborado con sobras que se enviaban para alimentar a los esclavos rebeldes y fugitivos.

Estos esclavos que lograban escapar eran llamados cimarrones y los espacios donde hacían vida, en constante riesgo de ser atrapados, se los denominaba cimarroneras, cumbes, quilombos, rochelas o palenques, que normalmente se ubicaban en zonas montañosas o selváticas.

“Este particular producto ha pasado de ser postre a ser desayuno, merienda, pasapalo y cena. En toda la región es nuestra mejor carta de presentación”, señala Carlos Augusto Hernández Coll, cocinero zuliano galardonado con el premio Tenedor de Oro al Chef en ejercicio 2018 de la Academia Venezolana de Gastronomía,

Carlos Augusto afirma que en sus orígenes las mandocas se elaboraban con una forma muy parecida a un buñuelo o a una arepita, pero durante los años del comienzo de la explotación petrolera en la región, y debido a la presencia de norteamericanos, las mujeres comenzaron a darle una forma más parecida a los pretzels, lo que le aportó el formado que se conoce actualmente.

En esta época, la de los comisariatos, cambia también la grasa usada para la cocción de la mandoca; se abandonó la manteca de cerdo y comenzó el uso del “aceite para freír”, como llamaban al producto en su llegada al país.

“Son una fuente de energía magnífica y considero que deben seguir sirviéndose en los desayunos de las nuevas generaciones.  Son un lujo zuliano acompañadas por un trozo de queso palmita o de mano, como dice la norma no escrita que deben comerse”, finaliza Ivette.

Foto cortesía de @saladilloexpress